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GAM, Zona Central, Costa Rica
Ensayos que esperan ser comentados, ojalá con conocimiento :p

miércoles, 17 de octubre de 2012

Aprender de las diferencias. I


Nadie hubo que no se sorprendiera con la noticia de la muerte de José Merino. No eran de conocimiento general los malestares, dolores y quebrantos de salud a causa del cáncer. Quienes fuimos un poco cercanos a él, quizá tuvimos la oportunidad de enterarnos y de preguntar de vez en cuando por su salud a algún familiar o amigo cercano. Como a muchos, nos duele la partida de José, pero en el caso mío el luto es distinto; ya que en los últimos meses me encontraba distanciado de José por lo que considero diferencias en cuanto a la concepción sobre la conducción del Partido. Él como presidente y fundador del partido, figura pública, catedrático, ex diputado, ostentaba un peso político y moral importante;  tanto, que ha sido ejemplo para muchos y hoy que ha partido, eso es reconocido ampliamente por parte de amigos y detractores.

En estos momentos José me sigue dando lecciones, pues aunque no lo tuve de profesor en la universidad, si fue maestro en la militancia partidaria y en las causas justas y nobles, siempre a favor de los menos favorecidos. Hoy que él no está, aprendo de las diferencias que tuve con él en cuanto a como se vive la vida partidaria y en lo relativo a la relaciones entre organismos, militantes, cuadros dirigentes y colectivos de opinión dentro del partido.

Las diferencias que tuve con él, no tuve oportunidad de dárselas a conocer personalmente; eso lo lamento, pues estoy seguro que de esa conversación, ambos habríamos aprendido. Por un lado, sobre como lo vemos algunos jóvenes, quienes posiblemente tengamos a pocos líderes como referentes políticos, y conocer de él, de manera más intima, lo que implica la conducción de un partido como el Frente Amplio, con actores internos tan diversos como los que hay, todos teniendo –posiblemente- expectativas diferentes de su liderazgo como presidente. José se sabia humano y creo que como parte de su perfil político y moral, estaba consiente de sus debilidades como líder. Me es muy difícil creer lo contrario, habiendo sido él un intelectual y un estudioso como lo era, y especialmente por la vehemencia con la que siempre llamaba a la autocrítica, como parte del proceso pedagógico y educativo que implica la militancia partidaria, pues él consideraba que el partido, debía ser una escuela, un espacio de formación no solo política, sino humana; donde  se pudiera crecer como persona. En algún momento lo resumió así: “milite y sea feliz”. Esa frase encierra lecciones, al tiempo que muestra de lo que para él era la militancia partidaria.

Merino era partidario de ir trabajando en la construcción del partido y su proyecto político a partir de la discusión de los puntos de encuentro o de las coincidencias que pudiéramos tener a lo interno del partido y en relación con los movimientos sociales, dejando para más adelante el abordaje de las temáticas de desencuentro, pensando en aras a mantener la unidad y la construcción constante. Por otro lado, una de las expectativas mías hacia él como presidente, fue el esperar que fuera más diligente en la resolución de conflictos internos, que aunque “pequeños”, no permiten el crecimiento y desarrollo al que está llamado el partido.

Quizá son las ansias y el apresuramiento de mi juventud las que abonaban en mi percepción de que en ocasiones José “decidía no decidir” o “acordaba no acordar” sobre situaciones partidarias, para mi importantes. Quizá mis expectativas sobre él como presidente y fundador, eran de un estilo paternalista, donde esperaba que resolviera todo con prontitud, eficacia; donde su pre-claridad se manifestara en las acciones, rumbos y decisiones del partido, especialmente en el Comité Político y el Ejecutivo; pero eso no fue así siempre. El reloj político del compañero José marchaba a otro compas, con la cadencia que va dando la experiencia, el pensamiento pausado y sesudo de quien ve y piensa a largo plazo y no sucumbe ante las dificultades de la inmediatez, del día a día.

Quien ocupe a partir del 2013 la presidencia del partido, indudablemente será comparado con el camarada Merino, con sus cualidades y sus dones; no le espera una tarea fácil a quien el colectivo frenteamplista ponga al frente de la organización ya que los problemas que enfrenta el país son cada vez más graves y complejos. Tendremos que hacer acopio de las enseñanzas y la experiencia que dejó José tras su partida. Seguir luchando, es el mejor homenaje que se le puede hacer.

lunes, 18 de junio de 2012

Las Heridas del Viento -Crítica-

Las Heridas del Viento -Crítica-

En la noche del jueves 14 de junio algo extraño pasó en la Sala Vargas Calvo. Entiéndase extraño sin ninguna consideración peyorativa. Esa noche, en una mezcla de Leonardo con Arturo se da como producto una suerte de alquimia, de búsquedas y certezas, de cosas inacabadas y de principios y creencias sólidas.

Leonardo en el escenario logra transmitir con los gestos de su rostro la autenticidad del personaje, su gesto psicológico está muy bien elaborado, incluso los ojos de Leonardo expresan lo que sucede en el interior del personaje, el clímax de esta situación se manifiesta cuando escucha la lectura de la carta de Rafael, en ese momento realmente sufre y vive su personaje, tanto, que el actor suprime por uno o dos momentos la voz característica de Juan y entona lo que parece la suya propia.

En cuanto al gesto social de Juan, es evidente el disfrute y el placer que le proporciona el que su hermana “Tere”, siempre si sustituyera los puntos suspensivos por su nombre en la herencia que le deja al morir y que él jocosamente quiere compartir con David… también es importante el que Juan quiere compartir con David la memoria que tiene de Rafael, pese al dolor que le representa recordar ese amor obsesivo añejado ya por casi seis lustros.

Por su parte Arturo, en cuanto a la elaboración del personaje, me dio la impresión de que hizo un trabajo importante para la elaboración del mismo. En los momentos en los que llora, realmente transmite una verdad; la emocional, de lo que pasa por el corazón de David; sin embargo al inicio de su interpretación me parece que no logra “ganarse al público” pues los primeros parlamentos fueron muy mecánicos y no parecen justificadas las risas y el tono desinteresado y/o relajado con el que David nos introduce en lo que será el proceso de conocer la verdad de su padre. Bien pudiera Arturo, si el texto de J.C. Rubio se lo permite, iniciar su intervención con la misma congoja y desasosiego que muy posteriormente logra transmitir; si se pudiera explorar esa ruta desde el inicio, creo que el personaje podría crecer más y encontrar más momentos de verdad en su interpretación y con esto, darle al público la vivencia de una relación más intensa, más auténtica entre Juan y David.

Un recurso muy usado en la obra, es el del rompimiento de la cuarta pared, un recurso que a mi juicio complementa los parlamentos entre los actores, pero donde los momentos en que se usa pudieran estar con un marcaje más claro y contundente, quizá Mariano desde la dirección, pudiera explorar esto con luces o movimientos parcos de los actores para estos tránsitos.

Lo innegable del espectáculo, es que existe por parte de Leonardo, Arturo y el resto del equipo, la firme convicción de mover al espectador a reflexionar sobre cómo lleva sus relaciones personales y afectivas en el plano del espacio que presenta el texto de Rubio. Lamentablemente la temporada en el Vargas Calvo es corta, como suele pasar con las buenas puestas en escena. Ojalá el espectáculo pueda rodar por el país, visitar comunidades, presentando arte y moviendo a la reflexión interior al tiempo que como es evidente, trata un tema muy tabú en la cristiana Costa Rica.