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GAM, Zona Central, Costa Rica
Ensayos que esperan ser comentados, ojalá con conocimiento :p

lunes, 18 de junio de 2012

Las Heridas del Viento -Crítica-

Las Heridas del Viento -Crítica-

En la noche del jueves 14 de junio algo extraño pasó en la Sala Vargas Calvo. Entiéndase extraño sin ninguna consideración peyorativa. Esa noche, en una mezcla de Leonardo con Arturo se da como producto una suerte de alquimia, de búsquedas y certezas, de cosas inacabadas y de principios y creencias sólidas.

Leonardo en el escenario logra transmitir con los gestos de su rostro la autenticidad del personaje, su gesto psicológico está muy bien elaborado, incluso los ojos de Leonardo expresan lo que sucede en el interior del personaje, el clímax de esta situación se manifiesta cuando escucha la lectura de la carta de Rafael, en ese momento realmente sufre y vive su personaje, tanto, que el actor suprime por uno o dos momentos la voz característica de Juan y entona lo que parece la suya propia.

En cuanto al gesto social de Juan, es evidente el disfrute y el placer que le proporciona el que su hermana “Tere”, siempre si sustituyera los puntos suspensivos por su nombre en la herencia que le deja al morir y que él jocosamente quiere compartir con David… también es importante el que Juan quiere compartir con David la memoria que tiene de Rafael, pese al dolor que le representa recordar ese amor obsesivo añejado ya por casi seis lustros.

Por su parte Arturo, en cuanto a la elaboración del personaje, me dio la impresión de que hizo un trabajo importante para la elaboración del mismo. En los momentos en los que llora, realmente transmite una verdad; la emocional, de lo que pasa por el corazón de David; sin embargo al inicio de su interpretación me parece que no logra “ganarse al público” pues los primeros parlamentos fueron muy mecánicos y no parecen justificadas las risas y el tono desinteresado y/o relajado con el que David nos introduce en lo que será el proceso de conocer la verdad de su padre. Bien pudiera Arturo, si el texto de J.C. Rubio se lo permite, iniciar su intervención con la misma congoja y desasosiego que muy posteriormente logra transmitir; si se pudiera explorar esa ruta desde el inicio, creo que el personaje podría crecer más y encontrar más momentos de verdad en su interpretación y con esto, darle al público la vivencia de una relación más intensa, más auténtica entre Juan y David.

Un recurso muy usado en la obra, es el del rompimiento de la cuarta pared, un recurso que a mi juicio complementa los parlamentos entre los actores, pero donde los momentos en que se usa pudieran estar con un marcaje más claro y contundente, quizá Mariano desde la dirección, pudiera explorar esto con luces o movimientos parcos de los actores para estos tránsitos.

Lo innegable del espectáculo, es que existe por parte de Leonardo, Arturo y el resto del equipo, la firme convicción de mover al espectador a reflexionar sobre cómo lleva sus relaciones personales y afectivas en el plano del espacio que presenta el texto de Rubio. Lamentablemente la temporada en el Vargas Calvo es corta, como suele pasar con las buenas puestas en escena. Ojalá el espectáculo pueda rodar por el país, visitar comunidades, presentando arte y moviendo a la reflexión interior al tiempo que como es evidente, trata un tema muy tabú en la cristiana Costa Rica.